La cala más escondida de la Costa Brava

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¿Buscando un rincón solitario en el que disfrutar de la tranquilidad que nos brinda el mar con el vaivén de sus olas? En la Costa Brava hay varios, pero seguramente el más tranquilo de todos está entre Sant Feliu de Guíxols y Sant Pol de Mar, que es donde se encuentra Cala Maset.

Aguas profundas en un entorno privilegiado

Estamos hablando de una pequeña cala de aguas bastante profundas que se sitúa muy cerca de la playa de Sant Pol. Para acceder a ella hay que bajar por unas escaleras que están a uno de los lados de la carretera que va desde Sant Feliu hasta Sant Pol. De hecho, también se la conoce como Cala del Pont, ya que dicha carretera se convierte en una especie de viaducto pasando por encima.

El paisaje es espectacular. Tiene la suerte de estar rodeada de vegetación típica de la zona, como es el caso de las encinas, las encinas sureras y los pinos. Eso, sumado a que es una playa diminuta, hace que sea un lugar especial al que solo se acercan quienes ya lo conocen, quienes saben que pueden escapar del bullicio de las playas más populares de la Costa Brava.

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Tomar el sol no es fácil

Si eres de los que van a la playa con el objetivo de ponerse morenos, debo decirte que Cala Maset no es el lugar más recomendable. ¿Por qué? Pues porque su situación hace que la sombra reine durante gran parte del día, aunque siempre estás a tiempo de lanzarte al agua para buscar los rayos de sol.

Una roca para los más atrevidos

Si te das un chapuzón y nadas unos 50 metros, verás que en la parte izquierda hay una roca que te invita a subir para lanzarte desde ella. No hay que sufrir con toparse con una roca a poca distancia, ya que el fondo marino está a más de 6 metros y eso hace que cualquier salto sea seguro.

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